Writers presenta: #stopPinkwashing x SHORI
Estamos en octubre, y aquí seguimos al pie del cañón de esta aventura que es traspasar el muro de cristal del “día internacional de la mujer”. Desde Writers Madrid, junto a Musa71, estamos a favor de recordar y honrar el esfuerzo de las mujeres en ese día, no nos equivoquemos, pero esta serie de posts viene a recordar que hay mujeres y chicas, que se esfuerzan cada día por mejorar su juego en el graffiti. Un día al año no es suficiente para recordarlas, y apoyarlas.
Dicho esto, este mes se lo ha ganado Shori. Desde Granada nos trae su flow, su estilo y su forma de ver la vida y el graffiti.
El estado último de las personas es la soledad, pero en esa soledad hay un montón de cosas que pueden acompañarnos. En mi caso, dibujar fue casi un método de supervivencia.
-Inicios:
Desde pequeña me ha gustado mucho dibujar y lo hago desde que tengo memoria. El dibujo siempre fue un refugio para mí, ya que en mi infancia tuve que mudarme muchas veces de ciudad. El tener que integrarme en un entorno nuevo, cambiar de sitio una y otra vez, tener que empezar de cero, me convirtió en una persona introvertida y me dio una lección un tanto agridulce.
El graffiti me ha acompañado desde muy pequeña. En mi ciudad natal, Granada, lo veía siempre que caminaba por la calle. Recuerdo que mi madre siempre me
decía lo típico de “esto está muy bonito, pero para que lo hagan en papel”, lo que más que educarme en esa idea, me generó curiosidad.
Siempre lo veía y estaba para mí de alguna forma, al salir de la ciudad en coche, al volver a ella, y en la carretera, en la que pasé muchas horas.
De forma orgánica, empecé a practicarlo. Comencé en el instituto con un rotulador indeleble que tenía en casa. Pintaba las puertas y las papeleras de las compresas, nunca me llegaron a decir nada. Mis padres eran bastante sobreprotectores, creo que en parte porque no viví una infancia “de jugar en la calle”, y no salía demasiado. Así que cuando firmaba era al ir y volver del instituto. Boceteaba mucho en casa, me gustaba mucho hacer letras y probar distintas combinaciones de colores.
Fui conociendo a gente del mundillo poco a poco, en parte gracias a las pantallas, y fui haciendo algunos amigos con los que he seguido pintando hasta el día de hoy. Quienes mejor me han acogido ha sido la crew C2T, de la que formo parte.
Una de mis mayores ilusiones cuando empecé fue comprarme un squeezer, con una tinta rosa chillón, al que le di mucha caña, pero que no duró mucho porque tristemente las firmas se volvieron prácticamente transparentes con la exposición al sol.
Me gustaba hacer notar que lo que pintaba lo había hecho una chica, ya sea a través de la elección de motivos o de colores. De hecho, mi nombre lo escogí escuchando una canción de La Albany, Shori viene de escribir de forma literal como suena “shorty” o “shawty”, que significa algo parecido a “niña bonita”.
Del graffiti me gustó siempre mucho el tema de la identidad anónima, cómo de cierta forma puedes desligarte de la persona que eres y del entorno que te conoce para pasar a ser otra cosa. Siento que me permitía escapar de una vida que en aquel momento no me gustaba, y que podía ser algo diferente gracias a lo que siempre me había gustado, el dibujo. Me gustaba (y me gusta) la libertad de no ser nadie.
-Referentes femeninos:
De mi ciudad me llamó mucho la atención Ruby. También tuve la suerte de poder ver piezas de gente de todo el mundo a través del teléfono. Fue así que vi a una escritora cuyo estilo me enamoró y a la que a día de hoy admiro: Bone y los trabajos de Ruka, Dune… entre otras. Martha Cooper también fue un referente para mí ya que, sus fotos a nivel conceptual, ofrecen una visión muy interesante del graffiti, donde establece una relación entre el graffiti, las pinturas rupestres y el humano primitivo.
-Motivos para pintar:
Con el tiempo y probando de todo un poco, me he dado cuenta de que me gusta practicar el graffiti en calma. También me gusta fusionar el graffiti y la ilustración. Del graffiti me gusta poder escapar de la ciudad y del ruido (tanto literal como mentalmente) y pintar con tranquilidad. Disfruto al escapar de los ritmos acelerados de las ciudades y de las lógicas de la producción, así como de la multitud de estímulos, tanto físicos como digitales. Me gusta porque es una disciplina que te conecta con el aquí y el ahora, y con la simpleza de la vida. La manera en la que mente y cuerpo se combinan en una única actividad hacen que sean casi una forma de meditación profunda, que escapa de las dinámicas estresantes del contexto en el que vivimos.
Creo que el graffiti es un gran movimiento en tanto que conecta mucho con lo más primitivo del ser humano. Pienso que, como especie, aprendimos antes a pintar en las paredes que a escribir y, como personas, de pequeños, practicamos mucho antes el dibujo que la escritura. Siento que la fusión que hace el graffiti del dibujo y la escritura, sumada al soporte mural, llama al componente más natural de la raza humana. Hay algo profundamente humano en intervenir las paredes, y probablemente esté mal visto porque escapa a las lógicas capitalistas de la propiedad privada.
Admiro del graffiti que es una disciplina capaz de acoger a todo tipo de personas. Hay miles de formas de disfrutarlo, casi que tantas como escritores. Pienso que potencialmente todo el mundo puede disfrutar de él, sólo tiene que conocerse a sí mismo, cosa que el propio graffiti te permite hacer. Su carácter social para mí es extremadamente interesante: ver cómo pinta cada uno te hace entenderlo de una forma diferente en la que no se necesitan palabras. Creo que se puede aprender de todo el mundo, sin importar que tan “buenos” o “malos” escritores sean.









